Un acercamiento a la herencia alfarera en san bartolo coyotepec
Tras nuestra experiencia exitosa con Amelia, el primer documental de la serie Tesoros Vivos del Barro, proyecto que consiste documentar las vidas e historias de maestrås alfarerås de Oaxaca, iniciamos la producción del segundo, que retrata a don Polo (19**-2025), un carismático campesino y maestro artesano originario de San Bartolo Coyotepec, cuna del barro negro.
Durante los cuatro años que duraron nuestras visitas a su casa en el cerro, entre 2021 y 2025, Don Polo nos compartió historias de su vida en el campo y el barro, nos compartió las enseñanzas de su padre y sus aprendizajes de vida; reflexionó sobre el valor de la “loza criolla” o el barro para trabajo, la importancia de la generosidad y nos hizo claro su amor por el campo y su orgullo de ser campesino y alfarero.
Un día descubrimos con alegría que, en su juventud, don Polo solía amenizar las fiestas del pueblo. Con sólo una armónica y junto a un guitarrista ponía a la gente a bailar, antes de la aparición de radios y bocinas. Encantadås por ese dato, le obsequiamos un par de “organitos”, como él les llama, y sin pensarlo dos veces se puso a tocar. Después de dos semanas de práctica grabamos un par de canciones para el documental.

Las decisiones sobre qué grabar se realizaron de mutuo acuerdo; incluso conversamos con don Polo sobre la estructura narrativa de la película. Hicimos unas tarjetas de colores con los distintos temas, y así don Polo, con su lucidez habitual, nos comentó lo que él consideraba una línea narrativa correcta, qué debería ir al inicio, qué al final, y nos indicó algunos momentos que faltaban por filmar.
Para corresponder a su gran generosidad y su participación en el documental, y acorde a principios comunitarios de reciprocidad, participamos en diverosos procesos del barro y el campo. Sudamos la gota gorda durante la construcción de un horno nuevo, más grande del que ya tenía, y trabajando en la milpa: en el hermoso proceso de “zacatear”, que consiste en retirar todas las hojas de la caña de maíz para que, al final, las mazorcas doradas puedan alzarse hacia el cielo como en un campo de flores.
A finales de 2024 Don Polo ya no podía trabajar al mismo ritmo que antes y su hijo, Agustín, no se daba abasto, la cosecha corría el riesgo de malograrse. Por eso, nos lanzamos a hacer cinco convocatorias, invitando al público en general para trabajar su milpa. En total, participaron alrededor de 30 personas limpiando la milpa y cosechando bajo el sol, es estos “tequios por don Polo”.
Estos procesos no sólo era formas de reciprocidad, también de aprendizaje mutuo y de crear lazos de confianza y amistad cada vez más profundos con don Polo y su familia.
Don Polo empezó a sentir sus fuerzas mermar y redujo su ritmo de trabajo. Todos lo consideramos natural, dada su edad. Después de una quema, el 13 de enero de 2025, don Polo nos llamó por teléfono para decirnos que sentía fuertes dolores en la espalda.
Esa misma noche los estudios revelaron que esas molestias eran causadas por un cáncer de páncreas muy avanzado para el cual ya no había cura. A partir de ahí, nuestro acompañamiento se hizo aún más cercano, consiguiendo medicinas, llevando a don Polo a sus citas médicas, conversando con sus hijås, etc.

A gran velocidad hicimos un primer corte de la película, que incluía los cambios que don Polo nos había solicitado, y se la mostramos, junto a Margarita y Agustín, sus hijes. Recostado en su cama, ya sin poderse incorporar, nos dijo con las lágrimas en los ojos: “Es la puritita verdad; adelante con esto”.
La cercanía con don Polo nos permitió el honor de acompañarlo hasta el 11 de marzo, día en que, finalmente, dejó este plano. Sembramos su cuerpo en el panteón de San Bartolo Coyotepec con un hermoso ritual tradicional que incluyó velas especiales, tapetes de arena de colores, diversos rezos y un sofisticado proceso de apoyo comunitario.
Para nosotrås, la muerte de don Polo y doña Amelia, ambos en marzo de 2025, no hacen sino reafirmar la importancia de registrar los saberes de lås tatas alfarerås, que se han dedicado a sostener la vida, creando belleza con sus manos. Los documentales son nuestra manera de honrar su memoria y celebrar su existencia.
Nos sentimos profundamente privilegiadås y agradecidås por todo lo que don Polo y doña Amelia nos enseñaron; somos conscientes de que representan toda una era de enorme y vital conocimiento que tiende a desaparecer.
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